Despertando la conciencia crítica 

No hay disculpa pero si razones. Hace ya un año largo, dejamos de tener esta conversación habitual por motivos dolorosamente personales.

Y desde ese momento, hemos tenido alegrías y sinsabores, momentos mejores y peores, pero como el resto. Intentando pasar desapercibidos entre la multitud.

Pero el destino es un gracioso y parece que te busca, así que el pasado mes de junio nos vimos envueltos con el show del tranquility, momento cumbre de la historia de cómo NO hacer publicidad y que nos hizo a la familia y a mi persona mediáticos, cosa que a mi personalmente no es que me vuelva loca pero no podemos quedarnos callados.

Articulos en La Razón

Anuncian un test prenatal con la imagen de una niña con síndrome de down

Lloré al ver a mi hija como imagen de una campaña ofensiva

Intervención en… Intereconomía (no comments. Eso sí, dar las gracias a Gádor Joya por ayudarme a hacerme con la palabra y explicar claramente mi posición)

Parte 1

Parte 2

Al parecer las familias y colectivos (en nuestro caso nos sentimos muy aliviados al ver que no éramos los “histéricos del SD”, como muchas veces leo y he sentido con comentarios hechos en este blog) no íbamos demasiado desencaminados y se ha conseguido algo muy importante: llamar a las cosas por su nombre: discriminación por razón de discapacidad

Autocontrol considera que hubo discriminación y vulneración al honor en el anuncio de Tranquility de la empresa Genoma

Como no tenía bastante con esto – os recuerdo: Junio, fin de cole, presión en el trabajo antes de las vacaciones, etc. -, también asistí a un evento que nos removió profundamente a cuatro mujeres que hemos pasado de conocidas a amigas. Curiosidades que tiene la vida.

El evento se convirtió en una especie de caída del caballo, al estilo san Pedro. Por un lado, tenía una cierta “felicidad” al tener Silvia una discapacidad visible y con ello una carta de presentación a la gente que la ve y la conoce. En el caso de las personas con autismo no es así, y tanto ellas como sus familias tienen que hacer un trabajo increíble para que ese primer contacto sea fructífero tanto para la persona TEA como para los que le acaban de conocer.

Por otro, me salió a borbotones una profunda y maravillosa envidia de todas ellas 🙂 personas de todas partes del territorio compartiendo experiencias, estrategias, enseñanzas, con el único fin de conseguir un mundo que entienda y acepte a sus hijos. Pero sin gritos ni insultos, sino con buen hacer y mostrando lo capaces que son sus hijos y que lo único que hay que hacer es comprender que su forma de ver el mundo es diferente y diversa. Y también hay que decirlo, sin ningún tipo de reparo en utilizar todo el armamento administrativo a la hora de exigir sus derechos, que se pisotean en demasiadas ocasiones y que, empezado ya el curso seguimos viéndolos pisoteados en el caso de Gloria, la niña de Cala del Moral, que sigue sin tener cole.

Así que emprendí mi viaje interior. Yo llevo 4 años con mi hija, un ente pequeño que decidió sorprendernos el día de su nacimiento y así sigue la muchacha según cumple años. Y llevo demasiado tiempo con la rabia encima porque la sociedad no la acepta. Pero… yo acepto lo que la sociedad dice de ella, de nosotros?

Mi conclusión de este verano es que en muchas ocasiones estamos tan obcecados por el “mi hija o nada” que no terminamos de entender que, para construir una sociedad diversa, los que primero debemos ser diversos somos nosotros.

Debemos asimilar que hay personas que no entienden/quieren discapacidad en la sociedad; y una vez asimilado, trabajar para que vean este asunto desde otro prisma, conociendo lo que ellos piensan de nosotros e invitándoles a nuestro mundo, no insultándoles o riñéndoles cuales niños pequeños porque usan la palabra “subnormal”.

El otro día nos preguntaba una amiga cuál era nuestro fin en esta tarea de concienciación. Yo, que soy una ilusa, empecé con mi speech de “que pueda trabajar donde quiera, estudiar lo que quiera, blablabla…”

Una mujer maravillosa, que fue de las primeras en darme la bienvenida a este loco mundo del Sindrome de Down, dio en la clave: “Que dejen de mirarnos por la calle”. No por incomodidad, sino porque hubiera llegado el momento en el que su hija es una más en la sociedad y a la gente no le resulte extraño ver a personas diversas, hecho que hoy en día no ocurre.

Yo solo me quedo con lo que la profesora del primer curso de infantil nos dijo en la reunión de final de curso de Silvia

“No sabéis lo que aprenden los niños de ella. Tienen que ser pacientes, solidarios, curiosos. Tener una niña así en clase es un lujo, porque no hace falta enseñarles valores. Los aprenden todos los días con ella”

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