Paren el mundo, que con estas cosas que pasan mejor bajarse..

Tenía ganas de escribir ayer sobre esto, pero era la presentación de Ilusionaria (que salió genial y se vendió todo!) y no era justo empañar el momento con una noticia tan triste. 

El viernes, mientras dejaba el coche en el garaje, puse la radio y empecé a escuchar esa noticia que nadie hubiera querido oir nunca: 20 niños asesinados por un psicópata en una escuela de Connecticut.

Llegué a casa llorando y lo único que podía hacer era abrazar a mi Silvia y darle besos, y pensar en esos padres que ya no volverían a tener esos momentos con sus hijos. 

Estas noticias siempre me han partido el corazón, pero desde que soy madre, me lo desgarran. Niños asesinados sin más, porque un psicópata (que al parecer tenía un espectro autista, con lo cual seguro que a más de un descerebrado se le ocurrirá decir que eso es la culpa) le dió por entrar en una clase y no dejar a nadie con vida.

Ser padre es una experiencia total, con sus días buenos y malos. Ser padre de un hijo con discapacidad tiene, además de buenos y malos, días de tirarse por la ventana, ya que tienes que unir a todo lo que haces con un hijo un extra para “empujar” su desarrollo, y encima tienes que hacerte sordo total a las mil y una tonterías que escucharás a lo largo de su vida. 

Pero este esfuerzo se compensa cuando tu hijo se carcajea, te araña estilo velociraptor o te dice en tu cara “tatata” con pedorreta incluida y comiendo yogurt. 

El viernes lloraba porque estos padres, de 20 niños, no podrán verlos reirse, ni jugar, ni casarse, ni darles nietos. 

De verdad, que penita…