Vacaciones… de las de verdad

Este año aquí la mami, decidiendo porque yo lo valgo, había reservado un hotelito del que todo el mundo hablaba maravillas y tener unas vacaciones-vacaciones… de las de no hacer nada y que te lo pongan todo por delante.

Y así ha sido, nos hemos ido una semana a la playa, en concreto a Sanlúcar de Barrameda, y desde este punto hemos recorrido un montón de bonitos lugares costeros de la provincia de Cádiz.

La sensación de libertad, de no mirar el reloj, de no tener que ir de la ceca a la meca, ni terapias ni leches… ha sido un gustazo y terapeútico para los tres.

Recuerdo que el martes fuimos a Bolonia, playa salvaje cercana a Tarifa en la que no hay casi de nada pero que esa carestía de medios modernos (chiringuito, civilización, etc.) la hacen única e inigualable. Silvia chapoteó a base de bien en sus aguas transparentes, en las que veías pequeños pescaitos correteando entre tus piernas.

Cuando la sacamos del agua nos hizo un show que pa qué, ella quería seguir metida alli y luchar contra las olas que tanto gusto le daban.

20130806_125100También hemos descubierto que nuestra hija es una gourmet de pro, que lo mismo que comía magdalenas y lenguado, se metía un puñado de arena que daba gusto.

No sé si tanta arena afectará al cromosoma extra, pero verla muerta de risa con la boca totalmente llena de elementos minúsculos es otra de las imágenes que no se perderán de estas vacaciones.

Hemos tenido la fortuna de ver muchas personas con Síndrome de Down en la zona. Mayores y pequeños, algún adolescente, algunos que estaban genial (como una chica ya mayor que estaba cuidando de sus sobrinos y les tenía bien a raya) y otros que eran más tranquilos.

Hablando con las familias, Eloy y yo veíamos que, más allá de la personalidad de cada uno de ellos, se notaba el ambiente y el cuidado por la persona.

Y curiosamente, esta chica mayor no había podido ir a tanta atención temprana como hubiera sido deseable. Pero era un gusto verla y sobre todo ver lo mucho que se puede obtener de una persona si se confía en ella.

Esto es como cualquiera de nosotros, las expectativas que nos definen deben estar en el punto óptimo. Más puede desanimar, pero menos tampoco es bueno… así que hay que buscar ese punto.

Respecto a Silvia, ahora estamos muy pendientes de trabajar su atención. Se dispersa más que cualquier otro niño de 2 años, no es preocupante pero sí tenemos que centrarla para que realice las actividades de manera adecuada y no busque siempre el recurso del lanzamiento y aporreamiento.

Es algo que ya nos dijeron en el Centro Caracas – donde Silvia comenzará atención temprana a partir de septiembre – y que queremos volver a trabajar antes de finalizar las vacaciones. Centrar su atención porque, cuando se capta, está totalmente entregada al ejercicio y a la tarea.

Pero no podemos minusvalorar que la atención es uno de los puntos flacos de las personas con Síndrome de Down.

Ahora la hemos dejado con los abuelos sevillanos una semanita, y los papis se han quedado solitos en Madrid.

Vaya si la echamos de menos!