Lo que te emociona a ti no me emociona a mi


Recientemente, se está compartiendo la carta al director publicada el pasado 5 de junio en el semanal con el título “cada vez quedan menos ángeles”, en la que un lector relataba cómo un adulto con Síndrome de Down disfrutaba de la música de una charanga.

El lector se alegraba de que la situación ahora es mejor que hace 50 años, que se vivía con dolor y vergüenza.

Perfecto hasta aquí y estupendo que lo vea así, aunque creo que en ciertos entornos la visión sigue siendo muy similar…

Pero luego comienza a apelar al amor que producen y termina con una palabra que me hace chirriar las meninges:

Ángeles

Por supuesto, mi punto de vista no es igual al de otra familia. Es más, así debe ser, ya que mis vivencias, mi estilo de vida, mis circunstancias, no son iguales ni al vecino de al lado.

Lo que me chirría es el convencimiento que se tiene en general de que las personas como Silvia son ángeles puros, llenos de amor y alegría. Y, a través de esta reducción a lo general, se elimina la parte de humanidad de mi hija, es decir, se le quita su parte de Silvia terrenal pero se potencia la angelical que sinceramente en su día a día poco la beneficia.

A mi me emociona que Silvia pueda ir al colegio de su barrio, que paseemos por las calles cercanas y los niños se le acerquen y la saluden, que vayamos al parque y se pelee por subir a los columpios como el resto de los niños.

Me ilusiona que Blanca esté estudiando un grado universitario y diga que es igual que el resto de las personas.

Me encanta ver que Andy Trias salga en “El Convidat” o diga en La Vanguardia “¡Aprendamos a aceptar al distinto tal y como es!”

Pero esto es lo que a mi me emociona y hace que saque fuerzas – como cualquier otra madre con hijos – para que en el día a día de mi hermosa niña ella tenga todas las oportunidades y posibilidades que estén a su alcance.

Para que su futuro tenga calles, aceras. Tenga títulos académicos y contratos de trabajo. Tenga pisos al que ella pueda mudarse si lo desea.

Probablemente tenga poca poesía en mi interior y menos sensibilidad. Y por supuesto no trato de cambiar esa visión angelical que tiene el lector y las personas que se sienten identificadas por la carta.

Pero conozco familias, las suficientes, que preferirían identificarse más en la visión terrenal. Esa que, lamentablemente, se comparte poco a pesar de que las personas con Síndrome de down se integran más y más en la sociedad (seguimos con un desempleo del 95% y Down España nos lo recuerda permanentemente para “agitar” la conciencia de las empresas)

Por eso siempre pienso en pisar tierra cuando voy montada en un avión…IMG_0476[1]

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