Historia de un bidé

Todos los padres nos alegramos de los progresos de nuestros hijos.

Cuando gatean, se ponen de pie, corretean o escriben su primera palabra.

Pero no todos los progresos son celebrables…

En concreto, uno de los progresos de Silvia parece venido del averno…

Y este progreso es… Sabe abrir el grifo del bidé.

Llega con nocturnidad (mejor dicho, ni la vemos de lo rápida que va!) y alevosía, abre la puerta del baño que nosotros, incautos, dejamos semicerrada, se dirige al aparato sanitario en cuestión y…

Ya tenemos piscina en casa!

Su padre, con la parsimonia que le caracteriza(los que lo conocéis sabréis que tengo más razón que un santo), se descojona mientras mira el estropicio que su micurria de 33 meses ha montado.

Y su madre – la menda – recoge el agua que da seis o siete pases de fregona.

Al menos la interfecta coge su fregona mini y recoge al lado de su madre… Por lo menos se siente responsable de la fechoría!

En estos momentos me acuerdo de alguien que me decía que tanto progreso no es bueno… XD

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