Creemos, pensamos, hacemos

Hoy, leyendo el post de alguien que he conocido recientemente y que me encanta todo lo que escribe, de nuevo reflexiono sobre lo mucho que decimos a través de nuestros actos y nuestras acciones.

Los 4 días de hospital han sido duros, muy duros, porque no esperábamos acabar allí, Silvia siempre ha sido una niña con mocos en las vías altas pero desde que nació ni bronquitis, ni bronquiolitis ni nada. Así que el dichoso VRS este que nos ha hecho la visita sorpresa nos ha fastidiado un poco (y menos mal que la superabuela sevillana ha venido a echarnos una mano!)

Cuando Silvia entró el sábado en la habitación, estaba que no quería mucho con nadie, abracitos y poco más. Ya, por la tarde, mostró su repertorio de manera fugaz, y el domingo ya era ella al 100%.

No sé si es su forma de ser, de ver la vida y también supongo que influirá como nosotros vemos todo esto del síndrome de down, que las enfermeras pasaban mucho tiempo con ella, la mimaban, le decían cosas bonitas… y acabábamos con los espabilamientos y lo estupenda que era la niña.

Yo siempre digo que Silvia es estupenda, pero no porque tenga síndrome de down, sino porque es así y porque así la tratamos. Es decir, como nosotros nos comportamos con ella, como la tratamos, se refleja en como ella es, una relaciones públicas total, pero además que aguanta, se ajusta, se acomoda a todo y todos y sinceramente para nosotros esto no es solo una ventaja, sino una habilidad que hay que seguir cultivando en el tiempo, ya que es nuestra forma de ser y como nos gusta vivir la vida.

Creer en mi hija no es sólo una opción, lo hago porque pienso que ella tiene todo el derecho del mundo a estar aquí y a poder vivir de una forma plena y feliz.

Creer en ella significa que los demás la ven como ella quiere mostrarse, como una bichito alegre y meneona, pero muy amorosa y que se lleva a todos de calle.

Y sí, nuestras huellas vaya si no marcan el camino que hemos emprendido 😉

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