Hay que equivocarse, hay que cagarla

Hoy he tenido una de las mejores conversaciones que he mantenido en mucho tiempo.

En la charla, salió el tema de “cagarla”… cómo los padres tememos tanto fallar en la educación de nuestros hijos… si será bueno esto, lo otro, si es este cole, el de allá, la ruta A o la que pasa hasta por la pollería (refrán italiano que tengo el gusto de haber aprendido gracias a una elementa entrañable)

Y creo que hemos llegado a una clara conclusión: hay que equivocarse.

Yo me equivoco todos los días: digo alguna (muchas) palabrotas, me equivoco comiendo una u otra cosa, tomo demasiado azúcar, bebo poca agua.. esto me sirve para aprender día tras día.

Con Silvia también nos equivocamos, y seguro que mucho. Pero estamos en nuestro derecho:

Tenemos que meter la pata

Porque la única manera de seguir evolucionando es aprender de los errores, y eso lo tengo clarísimo. Ni somos perfectos (ni lo pretendemos), ni siempre tomamos las mejores decisiones(en ese momento puede parecerlas, pero en otros no), ni siempre buscamos que todo encaje como debiera, porque eso no existe. Es una fantasía.

Recuerdo estar en la NYFA, en febrero de 1999. Teníamos que hacer nuestro primer trabajo, “misé-en-escene”, consistente en un máximo de 4 planos. Esa limitación de tomas hacía que pensaras cómo dar tu mejor yo, lo más que supieras, y que había que cagarla.

Y vaya si lo hice… pero al final realicé mi trabajo en 3, tras horas y horas de volverme loca en la mesa de montaje (y todos mis dedos con cicatrices de la cortadora de película).

Estas vistas retrospectivas – que para mí son esenciales en la evolución de ana como persona – me ayudan a ver que mi vida está llena de equivocaciones y fallos, todos necesarios para evolucionar.

Y con los hijos es lo mismo.

Tenemos derecho a equivocarnos con el cole.

Tenemos derecho a equivocarnos con el centro de atención temprana – y olvidarnos del que no nos haya gustado.

Tenemos derecho a errar en todo lo que nos sucede, porque así aprendemos todos, no nos convertimos en seres entrenados.

Siempre he dicho lo mismo: escucha a los profesionales pero toma tú las decisiones. Y si la cagas, pues seguro que puedes volver a tomar otra decisión más certera.

Pero que nadie te quite la opción de fallar. Si no, ¿qué vamos a trasmitir a nuestros bichos? ¿que la perfección existe?

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