31 for 21 – También perdemos la paciencia

Hoy Silvia estaba pochita, así que me han llamado de la guardería y la he recogido antes de lo que solemos hacer.

Como estaba tontorrona, me ha montado un show de padre y muy señor mío, consiguiendo que me pusiera bastante nerviosa.

La cosa empeoró cuando la saqué del carro un segundo y luego quise volver a colocarla… eso no era una niña, era un basilisco, así que la mamá ya perdió los papeles y comenzó a acordarse de Herodes.

Tras unos segundos de lucha de poderes, conseguimos reconducir la situación y calmarnos, aunque durante un rato me apartaba la mirada toda enfadada.

Esta escena describe perfectamente cualquier rabieta infantil y la reacción materna/paterna cuando la cosa se pone fea. Que seamos unos supuestos “superpadres” no nos exime de que nos pongamos en el ocho por rabietas, enfados o lanzamiento de vasos de agua de punta a punta.

Yo no me considero ni mejor ni peor, yo solo soy una madre con sus virtudes y defectos, y mi hija es igual, tiene sus virtudes pero también momentos de asesinamiento variado.

Que tengamos más “tragaderas” (porque tampoco vas a estar enfadada con el mundo por la ignoracia de la gente, peor para ellos) no significa que seamos un mar en calma todos los días. A veces el cansancio, los nervios o simplemente que el día viene torcido puede conseguir que perdamos la paciencia.

Y si la nena dice que el carro pa ti, ni os digo!