Dar ejemplo

Ayer llevaba a Silvia a la guardería. Nos paramos delante de un semáforo que acababa de cambiar a rojo. A nuestro lado estaba un papá y su nena.

Entre el hueco que dejábamos, se mete un padre con sus dos hijos y cruza. En rojo.

El papá que estaba a nuestro lado le dice a su hija “lo que ha hecho tu amiguita tú no lo puedes hacer. El semáforo está en rojo y tienes que esperar al verde para cruzar”

Y tras esto, nos miramos él y yo con un gesto de disgusto. 

El ejemplo que dió el padre imprudente (porque venían ya los coches a todo gas) no es sólo malo para sus hijos – que podían haber atropellado -, sino para los que se relacionan con ellos. 

Esta niña tiene la suerte de tener un padre cabal, pero si este no le hubiera dicho nada… pues a la próxima, podría pensar que el rojo también permite cruzar “porque su amiguita cruza”

Cruzamos la calle y el papá le dio la manita a su nena, nos adelantaron y siguieron su camino al cole sonrientes y felices.

Dan ejemplo.

 

Tiempo de cole

Silvia aún es pequeña para ir al cole, va a una guardería cercana a casa (donde no hay ningún otro niño con sd), donde la quieren y la respetan tal como es.

Posiblemente este sea su último año de guardería, o tal vez repita.

Y decimos repetir porque sabemos qué colegio queremos para ella, y en este cole se ingresa con 4 años.

Es un cole de educación especial, que ya conocemos, apoyamos y hemos formado parte de alguna de sus actividades, como Ilusionaria 3 o el desfile del día del síndrome de Down en la Renfe.

Os preguntaréis por qué queremos un colegio de educación especial para nuestra hija, ahora que existe la posibilidad de la inclusión en aula regular.

Cuando nos confirmaron el síndrome de Down de Silvia, lo primero que tuve claro fue que iría a integración, luego a su instituto y quién sabe si llegaría a la universidad… Es una idea de normalidad que nos creamos los padres, a la que tenemos derecho y que creo muy razonable y válida para nuestros hijos con trisomía.

Yo tenía esta idea clarísima, pero Eloy, por el sector donde trabaja, no la compartía conmigo.

En una cena con otras madres, conversamos sobre la integración o la educación especial en un colegio único en España. La conclusión que saqué de aquella cena fue que quería que Silvia aprendiera lo máximo, pero dentro de un orden funcional y con miras al futuro: no aprender a multiplicar sino a manejar una calculadora. No conocer los emperadores romanos pero sí el concepto del tiempo y que pueda situar las diferentes épocas históricas.

Al final, y tras muchas conversaciones con Eloy, con la familia, amigos, otros padres, etc. Nosotros lo tenemos claro: queremos que Silvia vaya a este centro de educación especial.

Este es nuestro deseo, pero no significa que no creamos en la integración de las personas con síndrome de Down en la escuela y la sociedad.

Si hubiera una educación basada en la inclusión de verdad, con unos apoyos reales, respetando la diversidad y el diferente aprendizaje de los alumnos… si se respetara el ratio por clase, si hubiera PTs y Logopedas en todos los centros (actualmente trabajan en varios colegios y no les da la vida )… si la educación secundaria estuviese pensada para incluir y no para expulsar al diferente y al que no se adapta a sus rígidos cánones… Silvia iría a educación regular.

Como no es así, y en Madrid hay un colegio especializado en SD, por supuesto intentaremos conseguir plaza en él y que Silvia se desarrolle con naturalidad, integrándola en otras actividades sociales en las que pueda estar con nenes de su edad sin síndrome.

Lo que más me duele es que, de conseguirlo, Silvia no podrá volver a la enseñanza regular en el futuro… pero si consigue mínimamente lo que hemos visto en adultos que conocemos y se han formado en este centro, nos daremos por satisfechos.

Fuera de la caja

Para los padres de un hijo con una discapacidad, en mi opinión es imprescindible (una vez asimilado todo el maremoto que ha acontecido en su realidad) comenzar a pensar fuera del área de confort, “fuera de la caja”

Pensemos en que estamos en un área acotado y perimetrado, del que no podemos salir porque es lo establecido. En este área no podemos improvisar, ya que todo está previsto.

Qué hacemos los que no encajamos en el diseño, en ese plano que la sociedad ha decidido dibujar para nosotros? Pues salirnos de la caja.

Salir de la caja no requiere heroicidades. Solamente pensar de manera creativa, tener en cuenta al otro como a un igual y respetar a los demás como quieres que te respeten a ti.

Todos los días ocurren situaciones para salir de la caja. Puedes dejar tu café recién hecho (y carísimo) a un señor tumbado en un banco de piedra en pleno paseo del Prado.  O dedicar parte de tus horas libres a meditar cómo mejorar tu vida y hacerla más sencilla para tí y lo tuyos.

Hoy he tenido dos situaciones “fuera de la caja”: una, la profesora de musicoterapia de Silvia, ha puesto una bonita imagen de dos discapacitados físicos columpiándose gracias a una plataforma asida al columpio. Think different 🙂

La otra ha ocurrido cuando Silvia y yo volvíamos del la guarde. Una niña la ha saludado y le ha dicho a su padre “es una de mis amiguitas”

A veces pienso que salir del área de confort es volver a la niñez, a hacer lo que realmente querías, sin cortapisas, ni pensando “qué dirán” o “qué esperan de mí”, sintiendo la libertad de hacer las cosas como realmente las crees y las ves.

Las cosas se ven mucho mejor desde fuera de la barrera…

caja