Saber Perdonar

Siempre he dicho que el dolor más profundo que tengo es la noche del nacimiento de Silvia y cómo se lo comunicó a su papi la pediatra que me asistió al parto.

Un dolor lacerante, una puñalada a nuestra idea de hija, un mazazo a nuestra idea de padres….

No nos preocupamos por Silvia, sino por la Silvia que la pediatra nos describía: enfermedad, retraso, discapacidad…

Pero, y como bien me enseñan los nuevos compañer@s de este paseo llamado vida, hay que saber perdonar.

No hay que disculpar, es una profesional médico y debería estar actualizada. Pero hay que saber perdonarla, enseñarle cómo es Silva, lo rica que está, lo besuqueable que es, lo comestible que está mi niña…

Hay que perdonar la ignorancia, el creer que todos somos iguales y reparar la mala noche que pasó mi marido y hacer ver que esto no puede volver a ocurrir, que como padres merecemos información pero no predicción.

Nos falta cerrar el círculo. Ya os diremos cómo lo vamos a hacer 😉

Nos miran…

1. Le sonríen. Ella dice “hola” a la vez que saluda con su manita.

2. La miran de nuevo. Ya no le sonríen de la misma manera. El tono ha cambiado de área.

3. Nos miran a nosotros. La mirada tiene un cariz agridulce

4. Vuelven a mirarla. “Qué jóvenes”… “¿Lo sabrían?”… “Deberían hacer la amnio obligatoria”

5. Nos miran de nuevo a nosotros. Esta vez, y en miles de ocasiones, con pena “Tienes compañía para toda la vida”

Cuesta, y eso que nosotros ya estamos medianamente vacunados, pero cuesta en muchas ocasiones ignorar ciertas miradas. Y los que miran con descaro, esos directamente te apetece mandarlos a la mierda, pero claro, no te vas a rebajar a su nivel.

Mi querido Eloy… nos miran, pero realmente lo que importa es cómo te mira Silvia. Esa mirada limpia, serena, feliz, llena de alegría.

Y no hay comentario que más nos repitan los profesionales: Silvia es una niña felíz.

Algo tendremos que ver. Y que miren lo que quieran, a nosotros plin.