Los Reyes Magos de este año.


Hoy ha sido una mañana feliz. Como todos los años, los niños de la casa se han asomado al salón y han corrido a abrir sus regalos. Silvia, que aún no sabe en qué día vive, se ha limitado a sentarse en la alfombra y a toquetear el envoltorio de los juguetes. Antes de que abriéramos todos los regalos, han llegado los otros, sus primos, deseosos de saber lo que los Reyes Magos les habían dejado en nuestra casa. Sorpresas encaramadas a las sorpresas que ellos ya llevaban encima.

Luego, escaleras abajo para estar con la familia y que los niños siguieran disfrutando entre ellos.

Durante toda la mañana me he sentido feliz, pero no con la felicidad estrenada por el juguete recién llegado, sino de una manera mucho más familiar. Y es que para mí, los reyes han venido varias veces este año.

Desde las Navidades pasadas, la gente ha llenado las calles para defender viejos derechos cada vez más necesarios. Por todas partes han sonado palabras de indignación y de desánimo y muchos hemos pensado que nuestro país ahora es un poco más triste y más frío.

Sin embargo, para mí este año ha estado lleno de amor y de descubrimientos. En estos meses, he traído y he llevado a Silvia a sus múltiples actividades (la pobre tiene agenda de ministra) He compartido con ella, desplazamientos, carreras, cansancio… pero también muchos momentos preciosos llenos de ternura y de satisfacción por ver cómo crece mi niña y cómo va consiguiendo cosas.

En estos meses, hemos escuchado música, hemos bailado, cantado y hablado muchísimo (en la lengua de los bebés, por supuesto) Hemos tomado biberones, comido papillas, sonado sonajeros, maracas y cuerdas de guitarra. Hemos aprendido a dormirnos con canciones de cuna inventadas y hasta hemos escuchado nuestro primer cuento (gracias, Voro)

Yo he querido a Silvia todavía más y sé que ella se ha sentido muy querida por mí (me encanta cuando todos los profesionales me dicen lo espabilada que está y lo feliz que se la ve)

En la calle también nos han mirado mucho. La mayoría de las veces con miradas amables, cariñosas y llenas de afecto, aunque también ha habido algunas expresiones de desconcierto por la falta de costumbre de ver a un padre cuidando y ocupándose de su niña.

Guardo muchísimas anécdotas de este año pero, sobre todo, la certeza de que en este país, la igualdad real aún está lejos de conseguirse ¿Para cuándo un cambiador de bebés en los baños de hombres? Siempre recordaré cuando, estando con una amiga, tuve que entrar con Silvia en el baño de mujeres para poder cambiarla. No sé quién puso más cara de susto, si el camarero al que le pedí la llave o la mujer que entró detrás de mí en el servicio.

En este tiempo y gracias a Silvia, mi familia y yo hemos conocido a gentes maravillosas que nos han ayudado, nos han acompañado y nos han dado fuerza para avanzar por este camino desconocido que nos ha descubierto nuestra nena. Conocerles y compartir momentos con ellos, es la prueba palpable de que la gente siempre puede mostrar su mejor lado a pesar de todas las dificultades.

Gracias también a Silvia, me he embarcado en el proyecto de Ilusionaria, donde he conocido a personas excelentes y generosas con las que he vivido (y sigo viviendo) momentos muy especiales. En Ilusionaria, he dado lo mejor de mí mismo, mi dedicación, mi creatividad, mi entusiasmo. He tenido algún quebradero de cabeza, estrés y cansancio, pero todo eso queda compensado con la inmensa alegría de participar en algo precioso, de que nuestros cuentos lleguen a muchos hogares y lleven muy lejos a quienes aún creen en la hadas.

De este año tan agitado, me llevo muchos regalos en forma de amigos. Algunos nuevos y otros redescubiertos (de los mejores) También ha habido amigos que han dejado de serlo por su inmadurez y por su falta de empatía respecto a quien soy ahora: una persona adulta, con responsabilidades y ocupaciones que vela ante todo por su familia. A ellos les mando un saludo, mi deseo de que la vida les brinde oportunidades de desarrollo y que sepan aprovecharlas.

Ahora Silvita duerme en su cuna al lado del salón donde esperan sus regalos. A partir de mañana jugará con ellos y descubrirá nuevos mundos de nuestra mano. Pero eso será mañana. Hoy, los Reyes Magos aún no se han ido del todo. No lo harán mientras en los salones suenen los juguetes y la alegría de los niños.

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