No es justo

Lo que peor llevo – como mucha gente sabe – es que, al tener una hija con capacidades diferentes (gracias Mariano e Iñigo!), debes ponerla a trabajar desde que tiene meses.

Trabajar, trabajar. 2 horas a la semana y las que le quieras echar tu en casa. Y si encima complementas con fisioterapia u otras técnicas, te sale que tu bebé está trabajando como su papá o su mamá.

Ya sé que es por su bien y su futuro. Que Silvia, gracias a este trabajo “tempranero”, va a poder desarrollarse mucho mejor que si no le dieramos el empujón. 

Pero duele. No sabéis cuanto. Bueno, algunos seguro que sí 🙂

PD: Un enero primaveral, una Silvia vaquera!