Buffff…

Hay días en los que los sentimientos se enfrentan unos frente a los otros.

Ayer estuvimos con una familia que teníamos ganas de conocer, con un hijo con Síndrome de Down ya adulto.

Para los días de fiesta quiero yo la felicidad que despedía ese chico.

Pero claro, cuando volvía a casa, me asaltaban los pensamientos y me puse triste, muy triste…

Y la tristeza me volvió hoy, aunque lo bueno fue que era la mecha con la que prender la conversación.

Al final, lo que hablaba con Begoña, con Eloy, con Noemi… tengo que cambiar el chip y vivir el día a día. Lo importante es lo que hará Silvia a los 5 meses, no a los 5 años. Y qué te digo de pensar qué va a hacer cuando tenga 18.

Si es que no se puede ser una prisillas…

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Lo fácil que es hacer las cosas bien

Cuando le dijeron a Eloy la sospecha de que Silvia podía tener Síndrome de Down, lo peor no fue eso.

Lo peor fue que no le informaron adecuadamente sobre qué hacer y a dónde acudir.

Al día siguiente, y cuando ya lo sabíamos los dos, mi ginecólogo se acercó a vernos y él nos dio toda la información habida y por haber sobre qué hacer en el caso de que saliera el 47 en su cariotipo.

Ya han pasado casi 3 meses desde el nacimiento de nuestra niña, y mirando con perspectiva, mi médico hizo fácil que nos fuéramos preparando por si Silvia tenía SD. Y qué decir de su mujer y pediatra de nuestra niña, que cada vez que la ve, hace que nos pongamos muy orgullosos de lo bien que está.

Así que, desde aquí, muchas gracias por vuestro apoyo, vuestra ayuda y por ser como sois!

Quien tiene un amigo…

Hemos tenido suerte.

Mejor dicho, hemos tenido mucha suerte.

Tanto Eloy como yo no somos de tener un grupo enooorme de amigos, sino pocos y bien seleccionados. Todos ellos nos han dado su apoyo y cariño cuando han conocido que Silvia venía con un apartamento para tres 🙂

Hoy, en el brunch con las chicas Esade, lo he vuelto a pensar.

Hemos tenido mucha suerte!

Brunch de chicas!

Hoy Silvia y yo hemos quedado con las compañeras del Master que hice en Esade allá por 2007.

Nos vemos menos de lo que nos gustaría, pero al menos nos vemos… y hoy me comentaban la suerte que teníamos por tener a Silvia, que no tiene problema ninguno en que la cojan, la mimen y la besen.

Así que hemos hecho un “brunch” en el Café Olivier, y tomado una copa en el Mercado de San Antón.

Nos va a salir fiestera la nena 🙂

 

Perder la verguenza

Hoy, mientras esperaba a Eloy para entrar a la sesión de estimulación, entraba en la fundación una mamá con otro carrito de bebé.

Me he quitado todas las vergüenzas de hablar con una desconocida y nos hemos presentado Silvia y yo a esta mami, que curiosamente se llama como yo y su nena, con 1 mes más que Silvia, se llama Sara y es guapísima.

Ya me aconsejó Isabell (que su blog es para mí de lectura obligada) que, cada vez que viera una mamá con un peque con síndrome de Down, hablara con ella, que así podría ver que no estoy sola y comentar temas comunes.

Ha sido un gustazo!

Después ya han venido más niños y niñas grandes, algunos papis se han acercado a ver a Silvia y a decirnos lo bonita que está – eso ya lo sabemos nosotros 😉 – y hemos conocido a Jan y a su mamá.

El tío es un figura, no ha dejado de reírse todo el rato que le hemos dicho monerías… y me da la sensación de que su mamá se ha emocionado un poquito cuando ha cogido a Silvia y ha recordado cuando Jan era un bebé.

Al final el día se ha tornado luminoso!

PD: por votación popular, pongo la foto de Silvia durmiendo. Amanece así día sí, día también 🙂